El maíz y el cambio de era en Canarias: impacto agrícola y social desde el siglo XVI

Una investigación multidisciplinaria revela cómo la llegada del maíz desde América impactó la alimentación, la economía y la organización social de Gran Canaria entre los siglos XVI y XIX, adelantando procesos que luego se replicaron en Europa.

La incorporación del maíz a la dieta de los habitantes de Canarias marcó un antes y un después en la historia alimentaria y social del archipiélago. Desde su llegada tras el Descubrimiento de América, este cereal fue ganando protagonismo hasta superar al trigo en producción y consumo, especialmente en Gran Canaria.

Un equipo de once investigadores de diversas instituciones españolas, incluyendo las universidades de Las Palmas, La Laguna y Burgos, publicó en la revista American Journal of Biological Anthropology un estudio que rastrea las huellas del maíz en la población isleña a través del análisis de restos óseos humanos y animales.

El trabajo se centra en un centenar de restos encontrados en yacimientos arqueológicos del norte de Gran Canaria, datados entre los siglos XVI y XVIII, así como en huesos de ganado del entorno del antiguo Hospital de San Martín. El objetivo: identificar la presencia de isótopos de carbono que delaten el consumo de maíz.

Los resultados revelan que ya en el siglo XVI se detectan indicios de consumo de este cereal americano, aunque de forma incipiente. Para el siglo XVII, la dieta comenzaba a combinar maíz con cereales tradicionales europeos, y en el XVIII, el maíz se consolidó como alimento esencial tanto para humanos como para el ganado.

Este hallazgo coincide con registros fiscales que documentan el crecimiento exponencial de la producción de maíz. En 1813, la cosecha de este cereal duplicaba a la del trigo en Gran Canaria, una transformación que refleja cambios profundos en la economía agraria local.

La sustitución de la caña de azúcar, antaño motor económico de la isla, por el cultivo de maíz marca un giro en el modelo productivo. A esto se suma la introducción de ganado vacuno, que sustituyó en parte a las tradicionales cabras y ovejas, y cuyas excretas se utilizaron como fertilizante, modernizando las técnicas agrícolas.

En este contexto, el maíz no solo representó un cambio en la alimentación, sino que también propició un crecimiento demográfico notable. Las mejoras en la productividad y la nutrición favorecieron la expansión de las ciudades y consolidaron un nuevo orden social.

La investigación, liderada por el bioarqueólogo Jonathan Santana, destaca que el caso canario puede considerarse un laboratorio adelantado de lo que luego sucedería en Europa continental con la incorporación de cultivos americanos.

Desde una perspectiva histórica, Canarias funcionó como punto de entrada de productos del Nuevo Mundo al Viejo Continente. El impacto del maíz en la isla ofrece claves para entender cómo los intercambios bioculturales redefinieron las economías y sociedades atlánticas.

El análisis de los isótopos C4 (propios de plantas como el maíz) frente a los C3 (trigo, cebada) permitió trazar con precisión la transición alimentaria. Esta metodología ofrece nuevas herramientas para estudiar el pasado desde la biología y la antropología.

En síntesis, el estudio demuestra que la llegada del maíz no solo transformó la dieta canaria, sino que catalizó una serie de innovaciones que reconfiguraron la estructura social y económica de Gran Canaria, adelantando patrones de modernización que luego se extenderían al resto de Europa.