El exmandatario estadounidense Joe Biden fue diagnosticado recientemente con un cáncer de próstata en etapa avanzada que ya se ha diseminado a sus huesos. El anuncio, realizado por su oficina personal este domingo, ha encendido alertas tanto por la gravedad del diagnóstico como por la situación de salud de una figura política de relevancia internacional.
Según el comunicado oficial, el cáncer fue identificado tras una evaluación médica motivada por síntomas urinarios persistentes. Los exámenes revelaron un nódulo prostático con una puntuación de Gleason de 9, el máximo en la escala que mide la agresividad del cáncer prostático. Además, se confirmó la presencia de metástasis ósea, lo cual indica que el cáncer se ha propagado fuera de la próstata.
La oficina de Biden sostuvo que, pese a la gravedad del diagnóstico, el cáncer parece ser sensible a las hormonas. Esto abre la posibilidad de una gestión clínica efectiva mediante terapias hormonales, un tratamiento estándar en casos de cáncer de próstata avanzado.
La puntuación de Gleason, clave para determinar el nivel de agresividad del tumor, evalúa cuán anormales lucen las células cancerosas bajo un microscopio. Una puntuación de 9 indica una alta probabilidad de que las células se comporten de manera agresiva, lo cual concuerda con la detección de metástasis en los huesos.

Otis Brawley, oncólogo de la Universidad Johns Hopkins, explicó que una puntuación alta no garantiza metástasis, pero sí aumenta significativamente esa posibilidad. Según él, el diagnóstico de Biden probablemente fue confirmado con una tomografía por emisión de positrones (PET), herramienta utilizada para detectar la diseminación del cáncer en el cuerpo.
La noticia ha sido recibida con preocupación, aunque no con sorpresa entre especialistas. William Dahut, director científico de la Sociedad Americana del Cáncer, recordó que el cáncer de próstata puede progresar de forma silenciosa y que las pruebas de detección actuales no siempre logran identificarlo a tiempo. “Esto ocurre todo el tiempo”, puntualizó.
Cuando el cáncer prostático se disemina a los huesos, los médicos suelen dejar de considerarlo curable. Sin embargo, Dahut remarcó que existen tratamientos capaces de frenar su avance y mejorar la calidad de vida del paciente. La terapia hormonal, por ejemplo, busca reducir la producción de testosterona, hormona que alimenta el crecimiento del cáncer.
Los expertos coinciden en que el pronóstico varía ampliamente. Hay pacientes con cáncer de próstata metastásico que viven más de una década con tratamientos adecuados, mientras que otros, especialmente con formas más agresivas, enfrentan un horizonte más acotado. En el caso de Biden, la respuesta al tratamiento será un factor decisivo.
El cáncer de próstata es el segundo más diagnosticado entre los hombres a nivel global, y representa una causa significativa de mortalidad. Según datos de 2020, más de 1,4 millones de casos nuevos fueron registrados en el mundo y más de 375 mil hombres murieron a causa de esta enfermedad.
Una detección temprana mejora considerablemente el pronóstico. Por eso, los especialistas insisten en la importancia de las pruebas de antígeno prostático específico (PSA) y los controles médicos periódicos, especialmente en hombres mayores de 50 años o con antecedentes familiares.


