Ver una película de terror puede acelerar el corazón, tensar los músculos y disparar la adrenalina como si el peligro estuviera ocurriendo realmente. Sin embargo, para millones de personas alrededor del mundo, esa sensación es justamente parte de la diversión.
Especialistas en psicología explican que el cerebro activa mecanismos similares a los que utiliza ante amenazas reales, incluso cuando el espectador sabe que está sentado de forma segura en una sala de cine o frente al televisor.
“El corazón late más rápido, la adrenalina se libera y la atención se agudiza, aunque sepamos que estamos seguros”, explicó la psicóloga Sally Winston. Esta reacción activa el sistema nervioso autónomo y puede provocar dilatación de pupilas, tensión muscular e incluso dificultades para dormir después de la función.
Según los expertos, el placer que algunas personas experimentan con el terror está relacionado con la liberación de sustancias como la adrenalina, las endorfinas y la dopamina. El cerebro percibe el miedo, pero al mismo tiempo entiende que no existe una amenaza real, generando una mezcla de tensión y alivio que resulta atractiva para muchos espectadores.
No todas las personas reaccionan igual. Investigaciones señalan que quienes buscan emociones intensas suelen disfrutar más de este tipo de contenidos. En cambio, las personas con altos niveles de empatía pueden sentirse más incómodas al presenciar escenas de sufrimiento o violencia.
Los especialistas identifican tres factores clave para disfrutar una película de terror: la tensión generada por lo inesperado, la identificación con los personajes y la conciencia de que todo forma parte de una ficción. Cuando alguno de estos elementos falla, la experiencia puede volverse desagradable.
Más allá de los sustos, algunos estudios sugieren que el terror también puede ofrecer beneficios psicológicos. Ver este tipo de películas en grupo fortalece vínculos sociales, genera sensación de pertenencia y ayuda a desarrollar mecanismos emocionales para afrontar situaciones de estrés.
Incluso investigaciones realizadas después de la pandemia encontraron que los aficionados al cine de terror mostraron mayores niveles de resiliencia emocional frente a situaciones de incertidumbre.
Sin embargo, los expertos advierten que el consumo excesivo puede tener efectos negativos. Las pesadillas, el insomnio, los pensamientos intrusivos y el aumento de la ansiedad son algunas de las consecuencias más frecuentes, especialmente en personas con trastornos de ansiedad o problemas de sueño preexistentes.
Por eso, los especialistas recomiendan moderar la exposición y prestar atención a cómo responde cada persona.


