Ecuador declara como “terroristas” a Hamás, Hezbolá e Irán

El presidente Daniel Noboa emitió un decreto que califica a Hamás, Hezbolá y la Guardia Revolucionaria de Irán como organizaciones terroristas, alegando riesgos para la soberanía y seguridad del país. La medida forma parte de una estrategia más amplia para enfrentar tanto amenazas externas como bandas criminales internas.

Este lunes, el presidente Daniel Noboa firmó el Decreto Ejecutivo Nº 128, por el cual Ecuador declara oficialmente como “terroristas de crimen organizado” a tres grupos islamistas: Hamás, Hezbolá, y la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. 

El presidente justificó la medida señalando que estas organizaciones representan una amenaza para la población nacional, el orden constitucional, la soberanía del Estado y su integridad territorial. 

Según el decreto, la decisión se basa en informes del Centro Nacional de Inteligencia que advierten sobre la posible incidencia de esos grupos en Ecuador y en América del Sur. 

Además, se alude al precedente de Estados Unidos, que ya tipificó a esas mismas organizaciones como terroristas, como modelo para esta política de seguridad. 

La acción de Ecuador se enmarca también en la declaración de “conflicto armado interno” hecha por Noboa desde comienzos de 2024, con el fin de enfrentar bandas criminales dedicadas al narcotráfico, extorsión y minería ilegal. 

Previas declaraciones del gobierno ya habían reconocido como terroristas a grupos disidentes de las FARC, como los Comandos de la Frontera, el Frente Oliver Sinisterra y las Disidencias Comuneros del Sur. 

También fueron incluidos previamente el Tren de Aragua (de origen venezolano) y el Cartel de los Soles, organizaciones que, según Ecuador, tienen conexiones con redes transnacionales delictivas. 

El decreto instruye al Centro Nacional de Inteligencia a investigar la incidencia de estos grupos islámicos en los grupos armados organizados del país, y a colaborar con organismos internacionales si fuera necesario. Se plantea que la medida no solo tiene un fin simbólico, sino práctico: reforzar mecanismos de inteligencia, prevenir posibles delitos vinculados, y proteger la seguridad interna.