Al Jazeera confirmó este fin de semana la muerte de cinco de sus periodistas cerca del Hospital Al-Shifa, en la Franja de Gaza: los corresponsales Anas al‑Sharif y Mohammed Qreiqeh, junto a los camarógrafos Ibrahim Zaher, Mohammed Noufal y Moamen Aliwa.
Según la cadena con sede en Qatar, el ataque contra la “carpa para periodistas” instalada frente al centro asistencial fue un acto deliberado que calificó de “asesinato selectivo” y un atentado grave contra la libertad de prensa.
Poco después, el Ejército israelí admitió que atacó a Anas al‑Sharif, acusándolo de liderar una célula terrorista de Hamás y difundiendo esa versión por su canal oficial de Telegram.
La agencia Reuters añadió que otro periodista, Mohammad al-Khaldi, también falleció en el ataque; aunque no era de Al Jazeera, colaboraba con varios medios desde Gaza.
En el contexto del conflicto, Israel ha restringido severamente la entrada de reporteros internacionales a Gaza, forzando la labor periodística a depender de profesionales locales en condiciones peligrosas.
El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) reporta que desde octubre de 2023, en plena ofensiva israelí, han perdido la vida 186 periodistas en Gaza, una cifra que alarma por su gravedad.
Mohamed Moawad, director editorial de Al Jazeera, lamentó que al‑Sharif era “la única voz” que conectaba al mundo con la realidad en Gaza. Denunció que fueron atacados mientras estaban en su base, no en una zona de combate.
Moawad insistió en que el ataque refleja un intento de las autoridades israelíes por silenciar a los medios desde el interior de Gaza: “Es algo sin precedentes en la historia moderna”, afirmó al programa The Newsroom.
Al‑Sharif, de 28 años, había informado sobre intensos bombardeos en sus publicaciones en X poco antes de su muerte. Una de esas publicaciones fue difundida después de su fallecimiento por un colaborador, dado el estado de comunicación.
Videos verificados por BBC muestran cómo voluntarios retiran los cuerpos de las víctimas. Algunos llevan chalecos y gritan los nombres de los caídos mientras los cargan.
En su respuesta, el Ejército israelí afirmó que al‑Sharif no era periodista sino un operador terrorista, que había revelado “información de inteligencia” y participado en ataques con cohetes contra civiles e Israel.
El comunicado israelí agregó que antes del bombardeo se tomaron precauciones como munición de alta precisión, supervisión aérea e inteligencia adicional. Mientras tanto, la muerte de estos reporteros ocurre en paralelo al inicio de una ofensiva en la ciudad de Gaza, que ya genera alertas por su posible impacto humanitario.


