En Ginebra, un grupo de destacados científicos de todo el mundo se reunió el mes pasado para analizar los últimos avances en xenotrasplante, la técnica de usar órganos animales para reemplazar riñones, corazones e hígados humanos que fallan.
Lo que hace solo unas décadas parecía ciencia ficción hoy se acerca a la realidad clínica: órganos de cerdos genéticamente modificados han demostrado funcionar en humanos, ofreciendo una alternativa frente a la grave escasez de donantes.
Durante la conferencia, se informó que dos pacientes de más de 60 años, uno en Estados Unidos y otro en China, sobrevivieron más de seis meses con riñones de cerdo. Aunque el órgano del paciente estadounidense debió retirarse, el caso marcó un hito en el campo.
Compañías como United Therapeutics y eGenesis lideran ensayos clínicos que incluyen riñones, hígados y corazones porcinos. Los procedimientos buscan reducir el riesgo de rechazo y garantizar que los órganos funcionen de manera óptima en humanos.
Sin embargo, persisten obstáculos: los riñones de cerdo no siempre cumplen con las expectativas y se han detectado virus animales en órganos trasplantados, lo que genera preocupación sobre la transmisión de enfermedades zoonóticas.
Los expertos comparan estos desafíos con los del trasplante humano en los años 80, cuando la introducción de ciclosporina permitió superar el rechazo de órganos. Consideran que estamos en un “punto de inflexión” hacia trasplantes más seguros y efectivos.
La insuficiencia renal crónica afecta a millones a nivel mundial, y los órganos humanos disponibles apenas cubren el 10% de la demanda. En países de ingresos bajos, la falta de acceso a diálisis convierte la enfermedad renal en una amenaza mortal.
Tabúes culturales también limitan la donación de órganos. En Japón, por ejemplo, la creencia de que el cuerpo mantiene el espíritu del individuo tras la muerte genera largas listas de espera de hasta 15 años para un riñón.
El gran desafío del xenotrasplante sigue siendo la respuesta inmunitaria del paciente. La proteinuria y los coágulos sanguíneos en riñones de cerdo trasplantados reflejan que aún se deben ajustar tratamientos inmunosupresores y perfeccionar ediciones genéticas.
Además, la seguridad pública preocupa a investigadores y pacientes. Virus como el pestivirus porcino atípico (APPV) se han detectado en órganos trasplantados, aunque no se ha comprobado infección humana, lo que requiere seguimiento constante.
La percepción del público influye en la aceptación del xenotrasplante. Pacientes y familiares temen la posibilidad de introducir enfermedades animales en la comunidad, un factor decisivo que puede limitar el uso generalizado de estos órganos.
A pesar de los riesgos, los especialistas insisten en que los avances son prometedores. Con regulaciones claras y monitoreo constante, el xenotrasplante podría convertirse en una solución revolucionaria para salvar vidas donde la escasez de donantes humanos representa una barrera insuperable.
Fuente: Infobae


