Este domingo, la Iglesia Católica vivió un momento significativo al canonizar a Carlo Acutis, considerado el primer santo de la era millennial. La ceremonia, cargada de simbolismo y emoción, tuvo lugar en la Plaza de San Pedro, donde una multitud de fieles —en su mayoría jóvenes— se congregó para celebrar la proclamación oficial.
El acto fue presidido por el papa León XIV y se llevó a cabo bajo la fórmula tradicional en latín que permite la veneración pública y universal de quienes son inscritos en el Libro de los Santos. Junto a Acutis también fue canonizado Pier Giorgio Frassati, joven italiano fallecido en 1925, reconocido por su vida de entrega a los pobres.
Carlo Acutis nació en Londres en 1991 y murió en Italia en 2006, a los 15 años, a causa de una leucemia fulminante. A pesar de su corta vida, dejó una huella imborrable en la comunidad católica, gracias a su profunda devoción a la Eucaristía, su sensibilidad social y su creatividad digital al servicio de la fe.
Desde su infancia, Carlo demostró un compromiso poco común con la religión. Asistía a misa diariamente, rezaba el rosario y participaba activamente en tareas comunitarias, como comedores y catequesis. Su uso de la tecnología para evangelizar lo llevó a diseñar una muestra digital de milagros eucarísticos, que continúa disponible en internet.
El Vaticano le atribuyó dos milagros decisivos para su canonización: la curación inexplicable de un niño en Brasil y la recuperación total de una adolescente costarricense, tras un accidente severo. Ambos casos pasaron por los procesos rigurosos exigidos por la Congregación para las Causas de los Santos.
Para muchos católicos, especialmente jóvenes, Acutis representa una figura moderna, accesible y relatable. No renunció a su vida cotidiana —disfrutaba de videojuegos, el fútbol y las excursiones—, pero mantuvo siempre a Dios como el centro de su existencia. Por eso es conocido como el “influencer de Dios”.
Pier Giorgio Frassati, canonizado en la misma ceremonia, también es visto como un ejemplo de santidad laica. Hijo de una familia influyente, dedicó su corta vida a la ayuda social y fue beatificado por Juan Pablo II. Su canonización se concretó tras confirmarse un segundo milagro, ocurrido en Estados Unidos.
El papa León XIV destacó que ambos santos representan “modelos cercanos, jóvenes y concretos”. En su homilía, afirmó que “la santidad no es inalcanzable ni pertenece solo a figuras antiguas; estos jóvenes nos muestran que se puede ser santo viviendo plenamente la vida actual”.
El impacto de Acutis se extiende más allá de Europa. En países como Estados Unidos, México, Brasil y Filipinas, muchas parroquias y colegios llevan su nombre. En Chicago, por ejemplo, la parroquia Beato Carlo Acutis realiza talleres donde niños reflexionan sobre su legado dibujando objetos que formaron parte de su vida diaria.
La madre del joven, Antonia Salzano, expresó su gratitud en una entrevista reciente. “Carlo era un chico normal, pero con un amor extraordinario por Jesús. Su fe no fue una obligación, sino una elección personal y libre”, afirmó emocionada, destacando que su hijo vivió su fe con alegría.

La tumba de Carlo se encuentra en Asís, en el Santuario de la Spogliazione, que ha recibido a miles de peregrinos en los últimos años. Muchos viajan allí para agradecer o pedir su intercesión, confiando en que su figura continúa inspirando a generaciones enteras de creyentes.


