El gobierno de Camboya anunció este sábado la clausura total de sus pasos fronterizos con Tailandia, una medida de aplicación inmediata y sin un plazo definido para su levantamiento. La decisión fue comunicada por el Ministerio del Interior camboyano como respuesta directa al agravamiento del conflicto armado entre ambos países.
Según la información oficial, el cierre implica la suspensión completa de cualquier ingreso o salida a través de la frontera compartida. La medida marca un punto de inflexión en la crisis y refleja el nivel de deterioro alcanzado en las relaciones bilaterales tras los últimos combates.
La decisión se produce luego de una semana de intensos enfrentamientos en zonas limítrofes, en particular en el área de Chong An Ma y en la provincia camboyana de Banteay Meanchey. Estas regiones se han convertido nuevamente en epicentro de un conflicto que combina reclamos territoriales, operaciones militares y acusaciones cruzadas.
De acuerdo con el Ministerio de Defensa de Tailandia, cuatro soldados tailandeses murieron el sábado, lo que eleva a catorce el número de militares fallecidos desde que comenzaron los choques el lunes anterior. En conjunto, los enfrentamientos recientes dejaron cerca de veinte víctimas fatales.
A la dimensión militar se suma una crisis humanitaria de gran escala. Más de medio millón de personas debieron abandonar sus hogares en ambos lados de la frontera, en un escenario que vuelve a poner en evidencia la fragilidad de las poblaciones civiles frente a disputas prolongadas y mal resueltas.
El trasfondo del conflicto es una disputa histórica por la delimitación de una frontera de unos 800 kilómetros, trazada durante el período colonial. Desde entonces, la falta de consensos definitivos ha derivado en episodios recurrentes de violencia, con responsabilidades que ambas partes se atribuyen mutuamente.
El Ministerio de Defensa de Camboya denunció que la aviación tailandesa utilizó dos cazas F-16 para lanzar siete bombas sobre su territorio. En la misma línea, el ministro de Información, Neth Pheaktra, afirmó que los ataques afectaron tanto a infraestructuras como a civiles camboyanos.
Desde Bangkok, la versión oficial difiere. El portavoz militar tailandés, Chakkrit Thammavichai, sostuvo que su fuerza aérea destruyó dos puentes en Camboya porque, según argumentó, eran utilizados para el traslado de armas hacia el frente. Además, aseguró que se emplearon municiones de alta precisión para minimizar daños a la población civil.
En este contexto, el primer ministro de Tailandia, Anutin Charnvirakul, afirmó públicamente que su país mantendrá las operaciones militares mientras persistan amenazas contra su territorio. A través de redes sociales, sostuvo que las acciones armadas continuarán hasta que se garantice la seguridad nacional.
El anuncio contrastó con las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien pocas horas antes había informado sobre un supuesto acuerdo de alto el fuego. Según explicó, tras conversaciones telefónicas con los líderes de ambos países, se había acordado cesar las hostilidades y retomar el entendimiento de paz alcanzado en julio con mediación internacional.
Sin embargo, tras esas gestiones diplomáticas, Anutin insistió en que Camboya debía respetar el alto el fuego y señaló que la responsabilidad recaería sobre quien lo incumpliera. En paralelo, el primer ministro tailandés disolvió el Parlamento, una decisión política que abre el camino a elecciones generales a comienzos de 2026.
Desde Phnom Penh, el primer ministro Hun Manet reiteró que Camboya mantiene su compromiso con una salida pacífica al conflicto y con el diálogo impulsado por mediadores internacionales. No obstante, la persistencia de la violencia y las medidas unilaterales, como el cierre total de fronteras, reflejan la dificultad de transformar esas declaraciones en hechos concretos y duraderos.


