Avicultores temen ingreso de gripe aviar a Paraguay

La confirmación de nuevos casos de gripe aviar en países vecinos reaviva la preocupación en Paraguay. Productores intensifican medidas, pero reconocen que ningún sistema es infalible.

La aparición de nuevos focos de gripe aviar en Argentina y Bolivia ha despertado una seria inquietud entre los productores avícolas paraguayos, quienes advierten que, aunque aún no se registran casos en el país, la amenaza es real y cercana. Así lo afirmó Néstor Zarza, presidente de la Asociación de Avicultores del Paraguay (Avipar), en una entrevista radial con la 730 AM.

Zarza sostuvo que la alta tasa de contagio del virus y la cercanía geográfica con los países afectados justifican plenamente la preocupación del sector. “Si uno dimensiona el riesgo, es para preocuparse. No hay fórmula que garantice al productor que el virus no llegará”, subrayó, dejando en claro que la vigilancia debe mantenerse activa.

A pesar de no haberse detectado brotes dentro del territorio nacional, el gremio mantiene una comunicación constante con el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa). Las reuniones buscan reforzar los protocolos de prevención, en un intento por cerrar cualquier brecha que pueda facilitar el ingreso del virus.

En este contexto, Zarza fue enfático al señalar que la bioseguridad sigue siendo la principal —y prácticamente única— herramienta defensiva frente a esta enfermedad. Desde el control de accesos a las granjas hasta la restricción de visitas y la desinfección de vehículos, el protocolo es exigente, pero necesario.

No obstante, la experiencia regional demuestra que incluso los establecimientos más avanzados no están exentos de riesgo. Zarza citó el caso reciente de una granja en Brasil, con altos estándares de bioseguridad, donde se detectó un brote. En Paraguay, recordó, ya hubo cinco casos aislados en el Chaco, aunque lograron contenerse.

Esta situación revela una realidad incómoda: ningún sistema es infalible. El dirigente de Avipar alertó que basta con que un solo productor vecino descuide las medidas mínimas para comprometer la sanidad de toda una zona productiva. La solidaridad y el compromiso colectivo son tan importantes como la inversión individual.

El impacto económico potencial de un brote masivo es significativo. Las pérdidas no solo afectarían a los productores, sino también a la cadena de valor, desde trabajadores hasta exportadores. Esto hace que la prevención no sea una opción, sino una necesidad estratégica.

Zarza también aprovechó para lanzar un mensaje a los interesados en invertir en el rubro: el modelo tradicional ya no es sostenible. Granjas abiertas, baja tecnificación y poco control sanitario representan un riesgo que la industria no puede seguir asumiendo.

Frente a este escenario, la transición hacia sistemas automatizados se vuelve urgente. Las granjas con jaulas tipo nave, donde el contacto humano con las aves se reduce al mínimo, son presentadas como una alternativa viable. Según Zarza, en estos sistemas apenas se requieren cinco o seis personas para manejar 10.000 aves.

Aunque el cambio representa una inversión significativa, los beneficios en términos de sanidad, productividad y competitividad son cada vez más evidentes. Zarza dejó entrever que esta evolución no es una simple mejora, sino una condición de supervivencia en un mercado global cada vez más exigente.

El dirigente gremial evitó caer en alarmismo, pero no ocultó que el momento es crítico. La gripe aviar no es una amenaza lejana ni hipotética. Es una posibilidad concreta que exige una respuesta responsable, coordinada y tecnológicamente adecuada.

Finalmente, destacó que la tarea de proteger a la industria avícola nacional no recae solo en los productores o en Senacsa. También es responsabilidad del Estado, de los consumidores y de todos los actores del entorno rural. “La bioseguridad empieza por casa, pero debe ser un compromiso nacional”, concluyó.