Este lunes, un violento ataque terrorista en una parada de autobús en el cruce de Ramot, en Jerusalén, acabó con la vida de seis civiles —varios de ellos identificados por su rol en la comunidad— y dejó más de 20 heridos, algunos en estado crítico.
Los agresores, dos palestinos procedentes de Cisjordania, llegaron al lugar en automóvil y abrieron fuego contra las personas en el cruce, uno de los más concurridos de Jerusalén, durante horas pico.
Según las autoridades, los atacantes fueron abatidos en el acto por un soldado en servicio y un civil armado. En la zona se recuperaron armas, municiones y un cuchillo utilizado durante el ataque.
Las víctimas reflejaban la pluralidad social israelí: desde un rabino que era cardiólogo y panadero, hasta estudiantes, jóvenes casados y liderazgos comunitarios, como una referente de un movimiento juvenil.
Entre ellas se encontraba un ciudadano recientemente casado que había emigrado desde España; un rabino que impartía clases en una yeshivá; jóvenes del barrio Ramot; una líder nacional de juventud sionista; y un cardiólogo que se dedicaba a hornear pan.
Las escenas captadas por cámaras y testigos mostraron pánico, con ciudadanos huyendo, vidrios rotos y pertenencias esparcidas, un reflejo del horror en tiempo real.

Magen David Adom, el servicio médico de emergencia, suministró cerca de 60 unidades de sangre a los hospitales y atendió a 26 personas con síntomas de ansiedad, efectos colaterales del ataque.
El primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, acudieron al lugar para condenar el atentado y mostrar solidaridad con las víctimas.
Este ataque se suma a una tendencia creciente de violencia en Jerusalén y Cisjordania en el contexto del conflicto con Gaza, que ya ha dejado miles de muertos desde octubre de 2023.
En respuesta, las fuerzas israelíes intensificaron la vigilancia en Ramot y desplegaron tropas en Ramallah y zonas aledañas para prevenir posibles réplicas o localizar cómplices.


